Y de repente la vida me detuvo. Me sentó para recordarme que tengo que parar, tomar aire e ir más despacio para disfrutar del camino.
Desde que soy madre, el mes de mayo es muy intenso. En este mes cumplimos años varias personas de la familia, con muchas celebraciones de por medio; también se acerca el final del cole y hay gestiones que realizar. Y el pasado viernes me desperté con gastroenteritis, o eso pensaba. Hasta que me dijeron que podía ser un síntoma del Covid. Empecé a echar la vista atrás y desde el sábado pasado llevaba con congestión y con molestias en los ojos. No me lo pensé, fui al centro de salud y me hicieron la prueba de antígenos; negativo. Estando allí, me llamaron del cole para recoger a Alba, que se encontraba mal, y con la sintomatología que yo tenía, insistí para que también me hicieran PCR.
Personas de mi entorno me llamaron exagerada, pues ya había dado negativo en antígenos. Pero libremente elegí asegurarme y ponerme en cuarentena preventiva desde el viernes a medio día hasta saber el resultado de la PCR, cancelando todos los planes del fin de semana. No hubiera estado tranquila comiendo con mis amigas y sus hijos, pensando que pudiera haber tenido un falso negativo y poder contagiarles; no me lo hubiera perdonado nunca.
Mi fin de semana ha sido en cuarentena total; mi familia en la sierra y yo sola en Sanse. Todos más tranquilos y yo con la seguridad de no contagiar a los míos. La sensación vivida ha sido un poco angustiosa, pues tenía malestar y me agobiaba el pensar que había estado en contacto con muchas personas a las que podía haber contagiado. A esto le sumamos que todos me preguntaban si ya sabía el resultado, que se hizo de rogar, pues eso, que no se lo recomiendo a nadie.
Nunca pensé que diría esta frase: "SOY NEGATIVA", pero me alegré mucho de comunicárselo así a todos, poniéndolo en mayúsculas. Doblemente negativa. Muchos me dijeron que estaba claro habiendo dado negativo en antígenos, que era una exagerada y una angustias. ¿Pero sabéis qué? Volvería a hacerlo de la misma manera. Mi conciencia está por encima de todo y esta doble seguridad me exime de pensar que podía haber contagiado a mucha gente; no me lo perdonaría nunca si después hubiera sido positiva.
Hubo otras personas que me alabaron por haber sido responsable eligiendo asegurarme doblemente y aislarme hasta saber el resultado. Y me sorprende, porque eso debería ser lo normal, lo que todo el mundo debería hacer, por el bien común. Pero lo triste es que lo que debería ser lo habitual es la excepción. Así nos va.
Y el domingo por la tarde por fin pude ver la luz del día. Salí y me sentí libre. No puedo negar que me entristeció no poder ver a mis amigas, que tan divinas estaban en las fotos que me mandaron, pero mi tranquilidad por ellas valía más; ya habrá más oportunidades, de eso no me cabe duda.
Y así es la vida. Es eso que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes.
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